Hoy en día tenemos mucha información a nuestro alcance sobre cómo subir y mantener una buena autoestima, los pasos para lograr el amor propio, así como la importancia del autocuidado, pero no está muy claro qué pasa exactamente con las personas que mantienen una baja autoestima o que les cuesta aceptarse a sí mismas.
La autoestima es definida como la valoración que hacemos de nosotros mismos, acompañada del componente afectivo. Expresa los aspectos valorativos de la identidad personal, creando así el autoconcepto. Esta valoración puede medirse a través del aprecio y respeto o el menosprecio y el rechazo.
El concepto de autoestima, también está fuertemente relacionado con la autoimagen, que se refiere a la percepción y cómo nos vemos nosotros mismos. Lo mismo ocurre con la autoaceptación, que se trata del reconocimiento propio de los defectos y las cualidades.
Por esta razón, cuando las personan evidencia baja autoestima, es probable que manifiesten un concepto pobre de sí mismos, se sientan inseguros, incapaces, insatisfechos y sensibles ante las críticas, menosprecian su imagen y sus capacidades, en ocasiones rechazan los elogios o cumplidos porque no se sienten merecedores. Otra característica es la dificultad para mostrarse asertivos, por lo tanto, les cuesta reclamar sus derechos de forma adecuada, lo que los pone en riesgo constantemente.
Son muchos los estudios que se han realizado a lo largo de los años para determinar la causa de la baja autoestima. Hoy en día, se conoce que los modelos de crianza y los apegos influyen en la autoestima. En la etapa de la infancia es donde se construyen y se establecen los vínculos afectivos, se desarrollan las habilidades sociales básicas, el autoconcepto y la autoimagen. Durante la adolescencia, el joven pasa por un periodo de constantes cambios tanto físicos como mentales, se establecen los gustos e intereses, se determina la personalidad y la capacidad para adaptarse a los cambios. Por ello, un estilo de crianza autoritario y sobreprotector o, por el contrario, permisivo y negligente, no favorecerá la buena autoestima.
Trastorno de la personalidad
La baja autoestima está relacionada con algunos trastornos mentales, comúnmente como un síntoma. Sin embargo, cuando hablamos del trastorno de la personalidad, nos referimos a una persona que padece baja autoestima y sus síntomas están fuertemente asociados con esta afección mental.
Las personas que padecen trastorno de la personalidad, evidencia alteración cognitiva, puesto que la manera de percibir e interpretarse a ellos mismos, a otras personas y a los acontecimientos, no son las esperadas, malinterpretando los actos, las acciones, las palabras de los demás y las propias. Presentan respuestas emocionales disfuncionales (rencor, apatía, desanimo, desapego, irritabilidad), no controlan sus impulsos, lo cual pone en riesgo su integridad física y emocional, tienen actitudes recurrentes de suicidio o comportamientos de automutilación.
Trastornos de la conducta alimentaria
Este trastorno mental es definido como una alteración en la ingesta de alimentos, asociadas a una serie de conflictos psicológicos y sociales. La baja autoestima es uno de los síntomas principales en este trastorno, pues la imagen corporal se distorsiona, sin importar cómo los ven las demás personas, no se sienten conformes con su aspecto físico, tienen un pobre concepto de sí mismos.
Se considera que la baja autoestima es un síntoma que antecede a esta enfermedad. El menosprecio y el rechazo de las capacidades, de la autoimagen y el autoconcepto conllevan a que la persona se somete a un régimen de dietas estrictas o a comer sin control alguno acompañado de atracones, que ponen en riesgo su vida solo por alcanzar su “ideal” influenciado, en muchas ocasiones, por la sociedad, las redes sociales o los pensamientos intrusivos.

Trastorno depresivo
El trastorno depresivo es la enfermedad mental que más se relaciona con la autoestima, pues muestran una estrecha relación y cercanía entre ambos conceptos. Una persona que sufre de baja autoestima por un periodo prolongado, se vuelve propensa a padecer trastorno depresivo. Aunque existen otros factores de riesgo para esta enfermedad mental, la baja autoestima es una puerta de entrada para este trastorno.
Cuando las personas menosprecian sus capacidades, no se sienten valiosas, ni merecedoras de afecto, se alejan poco a poco de su círculo social y familiar. Al no sentir satisfacción por las cosas que antes brindaban bienestar, los sentimientos de culpabilidad aumentan. Por ello, la baja autoestima implica un estado depresivo y de vulnerabilidad, que pone en riesgo la vida.
Recomendación y tratamiento
Promover la buena autoestima desde la infancia es lo ideal para prevenir situaciones de riesgo en la vida adulta, y permitir espacios para que el niño y el joven pueda expresarse, opinar, así como desarrollar su autoconcepto en un ambiente seguro, libre de juicios, sobreprotección o negligencia.
Seguir los pasos para aumentar y mantener una buena autoestima no siempre es fácil. Puede que existan momentos en nuestra vida donde tu peor enemigo eres tú mismo. Si sientes que te encuentras en esta situación, es necesario que consultes con un psicólogo especialista para guiarte en el proceso de alcanzar el bienestar emocional.