Una familia, muchas familias
Formar una familia es una de las aspiraciones de muchas personas en su vida. La pareja se conoce, comparte experiencias, proyecta una vida juntos, compra una casa, planifica vacaciones y ampliar la familia teniendo hijos.
Toda aquella ilusión que transforma la vida de las personas, que le da una meta a la cual llegar y que genera todo un plan bien placentero para ese núcleo familiar y para cada uno de sus integrantes.
El concepto de familia abarca varias descripciones. En principio las familias que se multiplican cuando un nuevo integrante se incorpora, es decir, primero la pareja de la persona escogida por aquel hombre o mujer y luego con la descendencia producto de ese amor escogido.
Abuelas, tías, cuñados, yernos, primos, todos se integran en una nueva gran familia con nuevas dinámicas de relaciones. Éstas se complejizan y se generan buenos y diversos momentos. Se «construye» aquella gran familia, con costumbres propias, con experiencias singulares.
Familias ensambladas ¿cómo manejamos esto?
El concepto de «familias ensambladas» ha surgido en la actualidad. Si pensamos en la palabra misma, «ensamblar», esta implica «unir o juntar», pero también «ajustar y acoplar». Ello dice mucho del concepto, porque no es sólo unir a dos familias, implica un ajuste, amolde de aquellas personalidad, costumbres y afectos. Por lo que no deja de ser un proceso complejo.
En la actualidad es muy común este tipo de familia. La familia tradicional estaba conformada por los padres y los hijos, que conformaban un núcleo homogéneo y bastante estable.
Actualmente las separaciones y los divorcios son frecuentes por el simple hecho que las personas no tienen la dañina (en algunos casos) tolerancia de una pareja tradicional que, cuando existía algún desacuerdo, infidelidad, o insatisfacción, no se actuaba para cambiar la situación. Deciden acabar con la pareja por diversos motivos que posibilitan cumplir con otros deseos (profesionales, de desarrollo, sexuales, amorosos).
Ello entonces da lugar a la conformación en principio de niños con padres separados que, pasado el tiempo o no, luego deben adaptarse a las nuevas parejas (y familias detrás) que su padre ha escogido.
Esta nueva pareja ingresa en la dinámica antigua familiar, esperando poder integrarse. Estas situaciones son corrientes y frecuentes y remarcan la importancia de tener buenas relaciones de convivencia para los nuevos miembros, pero también convivencia de buena relación con las anteriores parejas, padres de los hijos de su pareja.
El desafío de llevarse bien y respetar al otro

Las familias ensambladas son un reflejo de la sociedad actual. Las parejas se juntan, discuten, se separan y comienza un nuevo ciclo que debe convivir con el ciclo antiguo, que pudo acabar bien o mal.
Parte de la integración de los nuevos integrantes es la buena relación con los hijos de la pareja. Tú que eres parte de una familia ensamblada ¿Te has sentido observado por el hijo de tu nueva mujer? Una mirada que juzga sin conocer, que mezcla una porción de celos y nuevas adaptaciones que debe afrontar. Sea que tu pareja tenga niños pequeños o adolescentes, es todo un desafío.
Lo difícil de «caerle» bien al hijo de nuestra nueva pareja, es una montaña muy alta que debemos escalar. No estamos diciendo que sea esto en todos los casos, pero debemos asumir que es, sobre todo las primeras veces, un momento donde el nerviosismo y la adaptabilidad de todas las partes, está bien presente.
Las ex parejas
Cuando conocemos a una persona con hijos, nunca sabemos bien cuál fue el motivo de separación, en definitiva, no es asunto nuestro aquello. Pero si puede tener un efecto sobre como sea visto «la nueva pareja» en esa familia.
Lo ideal, y saludable a lo que debemos apuntar, es a encontrar una posición lo más neutra posible, sin tomar parte de aquellos antiguos conflictos que invadían a aquella pareja que no fue. Nuestra perspectiva al respecto debe ser muy sabia. Escogimos una pareja con una historia detrás, con hijos y con responsabilidades para con ellos muy importante. Y existe un/a padre/madre a la que también se le juegan emociones en este nuevo proceso.
Un padre puede estar preocupado sobre cómo será aquella pareja que su ex mujer eligió con sus hijos, o una madre puede estar atenta a cómo la nueva pareja de su ex trata a sus hijos. El respeto a los lugares de cada uno es clave para una convivencia placentera entre estas parejas.
No olvidemos que lo nuevo a veces asusta, que las rupturas de pareja están inmersas en un mar de emociones y que en el medio de ello se encuentran los menores que no han elegido nada de esto.
Podemos pedir ayuda para que un profesional nos acompañe en este proceso de adaptación, para que no sea conflictivo, si sientes que puede llegar a ser así. Que la construcción de un nuevo proyecto no traiga aparejado sensaciones desagradables y angustiosas.