El duelo migratorio: Lo que esconde el inmigrante
Iniciar una nueva vida en otro país, lejos de todo lo que conoces, es una decisión que involucra muchas emociones, ilusiones, proyectos por alcanzar, retos, grandes expectativas, pero también genera estrés, altos niveles de ansiedad y en muchos casos, se inicia un proceso de duelo al desprenderse del país de origen. El duelo migratorio es un tema que poco se habla, pues se espera que el inmigrante se encuentre en una mejor posición en su nuevo domicilio, tanto económicamente como socialmente y evitamos pensar que la nostalgia, la tristeza y la melancolía también viajan con nosotros.
El malestar, la desesperanza, el desánimo, la ansiedad, el miedo, la confusión, la sensación de soledad y los problemas de salud en general, son síntomas que se pueden experimentar al momento de marcharse del país de origen, esta afección también se conoce como el Síndrome de Ulises o el Síndrome del inmigrante.
Muchas son las razones por las cuales las personas cambian su país de origen, donde se encuentran sus familiares, amigos y colegas, así como sus costumbres y cultura por otro totalmente nuevo, desde el deseo personal por crecer laboralmente, experimentar otro nivel y ritmo de vida hasta el desplazamiento forzado por crisis económica, violencia, precariedad, entre otros. En cualquiera de estos casos mencionados, el inmigrante vive una pérdida significativa de los vínculos con las personas, las tradiciones y el territorio que lo vio nacer y crecer.

TIPOS DE DUELO MIGRATORIO
El duelo por la familia y los amigos
Se presenta por la separación de la familia, entre los padres mayores, hijos pequeños y/o la pareja buscando nuevas oportunidades laborales y profesionales para brindarles una mejor vida a los suyos, en estos casos no hablamos de una pérdida total pues permanece la esperanza de volver al lugar de origen o reunificar la familia en el nuevo territorio. Si la migración se realizó con el núcleo familiar, el vínculo afectivo que tenemos con nuestra familia extendida, abuelos, tíos, primos, así como con nuestros amigos, no deja de afectarnos hasta tal grado de sentir melancolía, nostalgia y soledad.
El duelo por el idioma
Es común pensar que el duelo por la pérdida del idioma o la lengua materna sucede solo en las personas que han migrado a países donde se habla un idioma distinto, por lo que es necesario aprender la lengua, incluyendo sus códigos y expresiones para desenvolverse en el nuevo territorio. Sin embargo, a pesar de hablar el mismo idioma, los diferentes acentos de las distintas regiones, las jergas y argot, en algunas ocasiones se convierten en una barrera, dificultando la comunicación y la forma de expresarse.
El duelo por la cultura
La cultura es el conjunto de tradiciones y costumbres que caracterizan a un pueblo determinado. Durante la etapa de crecimiento adoptamos los hábitos, los valores, las maneras de vivir de un determinado territorio, pero al momento de emigrar nos encontramos con un ritmo de vida y costumbres totalmente diferentes a las nuestras, esto dificulta la adaptación en ciertos ámbitos cotidianos como las comidas, las formas de vestir, y la música.
El duelo por la tierra
Entendemos por tierra como el país de nacimiento, es decir, sus paisajes, carreteras, estructuras, edificios, flora, fauna y clima. Cuando constantemente se realizan comparaciones con el nuevo territorio y en muchas ocasiones solo se resalta lo negativo, esto es una muestra de que la persona no desea estar en ese lugar, pues echa de menos la tierra que lo vio nacer.
El duelo por el nivel social
Las ilusiones y las expectativas también nos acompañan en el proceso de la migración. Sin embargo, es conocido que cambiarse de país es sinónimo de “empezar de cero”. Nuestra maleta llena sueños, ambiciones, proyectos, estudios y títulos quedan guardadas, puesto que en ocasiones nos encontramos con realidades distintas. Un largo periodo de fracasos y estancamiento puede generar frustración y desesperanza.
El duelo por los riesgos físicos
De acuerdo a las circunstancias, el proceso de migración se puede dar por conflictos, amenazas bélicas, violencia colectiva o individual. No obstante, el desconocimiento de algunos procesos en el nuevo territorio, la falta de red de apoyo, la poca información que tenemos sobre la ubicación, también nos puede dejar indefensos y sentir que nuestra salud e integridad física se encuentran en riesgo.
El duelo por no poder regresar
Durante el duelo, anhelar el regreso y reencontrarse con los suyos se encuentra muy presente. Si la economía y la logística lo permiten, siempre está la posibilidad de regresar, aunque sea por un corto tiempo, pero volver a dejar el país de origen, el círculo social y familiar, muchas veces se siente como un segundo duelo.
El duelo migratorio es un proceso que se vive en silencio, no se exterioriza, ni se comparte con las personas más cercanas, puede que no se reconozcan los síntomas o se rechacen. Esto muchas veces se debe, en gran medida, a la necesidad de mostrarnos fuertes ante las adversidades y exitosos ante los nuevos retos. Comparte tu sentir con las personas que confías y no olvides acudir a un psicólogo profesional para el correcto manejo de este doloroso proceso.